Este remake del original Dragon Quest VII, me gustó mucho al principio, pero poco a poco fue perdiendo fuelle y se me fue haciendo bola. Lo terminé a las 50 horas.
Su inicio es lento, pero su apartado visual te atrapa y es una maravilla, por lo que pese a ser lento, no se me hizo pesado. Cuando ya comienza todo, las diferentes historias de las islas me parecieron originales en sus inicios y me gustaron mucho, además de los combates por turnos que también me gustan.
El problema viene cuando llevas jugando 30 horas y no hay un hilo conductor, y llegué a pensar que el juego no tenía fin, pues no había una trama como tal y las islas se me iban haciendo bola, y los combates repetitivos. Se puede decir que la historia de verdad comienza aproximadamente a las 40 horas, la cual ya no me interesaba en lo absoluto. Lo único que quería era terminarla ya, pues ya se me hacía todo repetitivo.
Con respecto a las batallas también tienen una parte negativa: las profesiones o trabajos. Durante 15 horas estás con la misma profesión y sin aprender habilidades nuevas. Esto hizo que mi experiencia de juego y mis ganas por jugar disminuyeran un poco. Cuando puedes cambiar de profesión y elijes otra nueva, esta es de nivel 1 y el personaje se vuelve un poco inútil a veces dependiendo de la profesión, pero es necesario cambiar de profesión continuamente para desbloquear las nuevas y más poderosas.
El final se me hizo muy pesado, que no difícil. El boss final tiene un montón de fases seguidas. Los desarrolladores creen (o creían) que alargar un combate con un montón de formas es más entretenido, pero el efecto es el contrario. No me gustó este aspecto, y las escenas finales pues las esperadas, sin sorpresa alguna.
Dragon Quest VII reimagined es por todas las razones comentadas un juego que reluce desde fuera, pero que cuando lo juegas, descubres que no es oro todo lo que reluce.
Puntuación: ⭐⭐ (2 de 5)

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